29 de marzo de 2022
Falleció en París ayer la escultora y artista conceptual
rosarina Gladys Nistor. Su proyecto de exponer en la Argentina queda pospuesto
por tiempo indefinido.
Una maga. La Maga. Así la recordaré.
Se nos murió en París con aguacero, o con sol (no sé), sin volver una vez más a
su Rosario natal. Tras un éxodo de 3 décadas, Gladys Nistor iba a exponer en la
Fundación Andreani, Buenos Aires. La muestra se había postergado por la
pandemia. Las cosas parecían mejorar en 2021. En diciembre del año pasado,
Gladys ya había recibido el boleto para venir a la Argentina. Pero, unos días
antes del viaje programado, ella avisó que un tumor cerebral no tenía buen
pronóstico y que no viajaría. Su amiga Beatriz Trepat, también rosarina y
escultora, junto a personas de su familia, estuvo a su lado hasta el fin. El
fin fue ayer a la madrugada, lunes 28 de marzo.
La Embajada Argentina en Francia envió
ayer públicamente sus condolencias a sus familiares y amigos. Nacida en Rosario
en 1960, Gladys Nistor había desembarcado en París en 1990 como artista becada
por invitación del Estado francés. La cultura europea la sedujo. Y así, decidió
quedarse. Siendo muy joven, obtuvo en 1986 un Primer Premio Adquisición Sección
Escultura en el 50° Salón Nacional Rosario (Donación Municipalidad de Rosario).
Su obra perteneciente a la colección histórica del Museo Castagnino se expuso
en 2018 en dicho museo como parte de Aquellos
bárbaros, con curaduría de Xil Buffone y María Elena Lucero. Cuesta
imaginar hoy el impacto que en los ‘80 tenían sus esculturas policromadas con
colores audaces, más cercanos al espíritu de la época que a la entonada paleta
modernista regional, y con formas organicistas que se acercaban a lo humano
desde sensibilidades también epocales: lo monstruoso, lo tierno, lo
cómico.
Otra de sus apariciones en el
Castagnino fue en 1986 como parte del Grupo de la X, la agrupación de jóvenes
artistas en torno al escultor Enio Iommi que integraban también Jorge Macchi y
Carolina Antoniadis (entre otros) y donde Gladys era [con Antoniadis] la única
rosarina. En 1987, integró una exposición de artistas rosarinos en la Fundación
San Telmo de Buenos Aires, junto a Daniel Scheimberg, Emilio Torti y otros. Sin
duda, “la” Nistor -como solían nombrarla- era una presencia influyente en la
escena artística de los ‘80, no sólo por su obra sino por la potencia de su
inteligencia y su discurso. La muestra en Buenos Aires iba a ser el regreso
triunfal de una artista plástica que en años recientes había pasado de la
escultura pura y dura a un arte ilusionista cuyos secretos sólo ella manejaba.
La curadora de Fundación Andreani, Laura Buccelato, propone postergarla
nuevamente y esperar, por respeto en este tiempo de tanto dolor para sus seres
queridos y colegas.
No fue fácil vivir en París, donde
debió alternar el arte puro con trabajos de diseño y de docencia, pero en los
últimos tres años había logrado dedicarse a tiempo completo a la obra, con
exposiciones, reseñas críticas favorables y ventas en varios países de Europa.
Sus obras más recientes eran proezas conceptuales, trucos de ilusionismo de
precisión asombrosa, psicoesculturas que sólo existían en la visión del
espectador. Un alfabeto de luces proyectadas y recortes de felpa negra se
reorganizaba en cada espacio, para crear una ilusión instantánea de volumen sin
peso. Gladys Nistor decía ser una escultora que no se ensuciaba las manos. Se
sentía cerca del mito judío de la creación del mundo por la palabra. De la
creación, lo que la seducía era el juego. En un viaje a Praga, anotó una frase
de Kafka: “Sólo soy literatura”.

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