Vaso y vacío
4 de octubre de 2013
No sé quién sacó esa foto. Sacada la foto, o ella, no sé.
En la foto ella está inventando un vaso. Una copa, un trofeo, una escultura; no sé en torno a qué objeto excavado en el vacío se ahuecaría su mano. Y la amiga señala, su gesto le confirma: hay algo ahí, tenemos algo, miren. Jajaja, no tenemos nada. En la foto, sacada en una fiesta, mi hermana rodea con la mano una parte del espacio. Ante la cámara, mi hermana juega a la foto de borrachos: en un como si de la copa en la mano, ella finge tambalearse, simula que la amiga la sostiene de la inexorable gravedad. O estará asiendo un caño imaginario, un pasamanos que solamente existe en la fantasía de su teatro improvisado.
Eran dos pero ella ha hecho que sean tres: dos y el vacío.
Mi hermana se agarra de la nada en la noche fotografiada y ríe. Muestra y desmiente. Veo lo que no hay. Ella juega a agarrar nada y hacer de eso un vacío; todo lo que su mano delimita en su cuenco vertical hace, de la nada, vacío. Como cuando jugábamos a hacer tortas de arena y las lanzábamos contra el cartel de chapa. “¿Querés, cartel? ¡Tomá!”.
Hacer el vacío, ¿será eso?
¿Será amasar la nada como arcilla hasta convertirla en algo más?
14 de marzo de 2016
Una voz en un sueño me dijo: “Ella ya no existe. Ahora es solamente tuya la pregunta por esa despedida que no fue”.



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