Fernando Callero


17 de septiembre de 2020

Hasta pronto, amigo. No te digo adiós. Sos de nuevo un espíritu libre. Ya nos encontraremos en algún sueño, caminando por esos cerros de nuestra Sudamérica que tanto te gustaban. Ojalá renazcas en un paraíso de efebos danzantes y éxtasis. Ya sos una pequeña deidad feliz. Fue hermoso lo que nos mostraste a través de tu poesía, tu prosa, tu música, tus dibujos, tus enseñanzas, tu voz y tu mera presencia. Era más lindo estar en este planeta cuando estabas vos, pero tu cuerpo se cansó de añorar su antigua libertad, y me imagino a tu alma diciendo, como Don Quijote: “Abrid camino, señores míos. Dejadme volver a mi antigua libertad”. 

Gracias por todo. 

Abrazo. Bea.



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